¿En dónde se bebe más en Colombia? (una percepción jocosa) :-)

Primero que todo queremos decir que este es un post de sátira, lleno de estereotipos, exageraciones y no pretendemos herir ni señalar a nadie. Queremos resaltar que el licor, consumido en exceso, es muy perjudicial, tanto para la salud como para la sociedad. Esta es una historia de tres aventuras; lo que pasa cuando dejamos las cámaras y nos dedicamos a la diversión. Incluiremos algunas cifras para que tampoco piensen que todo sale de nuestra experiencia.
Muchas veces escuchamos que los que más toman en Colombia son los costeños del caribe, otras que los que más toman son los boyacenses, otras que son los paisas y para los que vivimos en Bogotá muchas veces escuchamos que los que más ingerimos licor somos los rolos o del altiplano. Bueno, en este recorrido que llevamos de 1 año y algo por Colombia hemos desmentido algunos mitos y verificado, con dolorosas pruebas, algunos rumores.

 

Primero queremos ver qué pruebas hay en contra (o a favor) de los estereotipos que nos han inculcado sobre las regiones más bebedoras. Empecemos por los costeños (para este caso cuando digamos costeños nos referimos a los nacidos en Atlántico, Bolívar, Magdalena o Sucre), “vamo’ a mama’ ron”. Esta frase se ha popularizado por telenovelas, amigos y hasta canciones. Lo que siempre nos imaginamos es dos tipos con sombrero vueltiao, pantalón blanco, una botella de ron y una partida de dominó. A los paisas se les conoce por el guaro; las malas lenguas dicen que desayunan con un güarito para empezar bien el día. A los boyacenses se les conoce por beber cerveza como si fuera agua y por último los rolos tienen fama de beber sin control y lo que haya, desde Tequimón hasta wiski.

 

Según cifras de un estudio realizado por Euromonitor un colombiano consume entre 49 y 51 litros de alcohol al año. Tranquilos, que no cunda el pánico, en México y Brasil se bebe más. No comprendemos cómo puede ser eso posible, pero a las pruebas nos remiten. En promedio nos gastamos 300.000 pesos al año en licor –ojalá fuera así-, los promedios ayudan a la moral pero no al bolsillo. Según este mismo estudio el 73% de ese gasto es para la cerveza.

 

Bueno les vamos a contar 3 historias a partir de las cuales declaramos al vencedor. Este “profundo estudio” está basado en una juiciosa investigación cualitativa y aplicando conceptos del periodismo de inmersión. En primer lugar, estuvimos 8 días en la bella ciudad de Santa Marta realizando un análisis exhaustivo del comportamiento nocturno de grupos conformados por personas de diferentes lugares de la costa caribe. Por otro lado realizamos dos estudios en diferentes regiones de Boyacá, departamento al cual tuvimos que realizar más de una visita para reconfirmar los resultados. Para el caso de Bogotá y Cundinamarca realizamos pruebas con diferentes grupos sociales para poder tener conclusiones determinantes. A este estudio le falta el departamento de Antioquia que será incluido más adelante.

En la costa se bebe y mucho. Playa, brisa y mar, esa creemos que es la combinación perfecta para tomarse una buena bebida espirituosa. Quién no disfrutaría de un roncito al frente de una playa, por ejemplo: Taganga. Bueno, así comenzaron algunas de las noches que salimos a disfrutar del ambiente costeño. Si la música suena en vivo, el sol empieza a caer, el mar le hace ritmo al cantante del bar y los dedos de los pies se cubren de la suave arena caribeña, da sed. Estamos seguros que esta serie de eventos deben provocar una reacción química en las papilas gustativas porque inmediatamente el que esté bajo esas circunstancias va a levantar el brazo involuntariamente y va a pedir un trago; hagan la prueba. Con todo esto consideramos que el ritmo caribeño va a un compás lento, es decir: “cógela suave”. El costeño bebe despacio, calmado, suave, habla mucho, pero al final la botella dura.

Nuestra experiencia con Bogotá y Cundinamarca es bien particular porque aunque trabajábamos debimos involucrar fiestas o conciertos, lo cual pudo influir negativamente los resultados. Debemos también reconocer que Bogotá es una ciudad llena de personas de otras partes, lo que hace difícil diferenciar a las clases de rolos. La historia que vale la pena resaltar sucedió en algún pueblo del norte del departamento de Cundinamarca. Un concierto de música popular era esperado en la noche de finalización de ferias y fiestas. Empezábamos a sentir que el ambiente se animaba. Esa noche comprobamos que el cundinamarqués si bebe pero tiene un límite. El cual por lo general es impuesto por una persona mayor. 

Para terminar este recorrido y teniendo en cuenta que ustedes sospechan quién es el absoluto ganador de este top, hablaremos de las personas más amables, abiertas, verracas, trabajadoras y que más toman (con todo amor) que conocemos; nos referimos a nuestros amigos boyacenses. Lo decimos con conocimiento de causa, con la autoridad que nos merece haber estado recorriendo por largo tiempo los bellos parajes de la hermosa Boyacá. Los hay de diferentes tipos: los que beben todas las noches, los que beben todas las mañanas, los que beben todos los fines de semana, en el día y en la noche y los que nunca supimos si su estado natural era estar borracho. Hay también de diferentes paladares: los hay de cerveza, también de aguardiente, de ron, de guarapo y hasta de licores artesanales como el biche. Son los campeones, tal vez por el frío de las zonas en dónde estuvimos, o quizá por ser personas tan extrovertidas, pero son en general los maestros de la bebida. No hubo una historia, hubo varias. Gozamos, reímos, cantamos y bailamos alrededor de un ambiente de alegría con el común denominador: la botella.

Esta era la historia que queríamos contarles a modo de chanza de nuestra experiencia en los campos del licor en Colombia. Una exageración de nuestro diario vivir en la amada Colombia en donde se llora pero también se goza.

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