Hacer turismo en un páramo, ¿sí o no?

Muchas veces nosotros mismos nos hemos preguntado sobre la pertinencia de hacer turismo en los páramos; esos ecosistemas tan sensibles, de gran importancia para la recolección, almacenamiento y liberación de agua. El páramo se encuentra en las zonas intertropicales del planeta tierra y generalmente se ubica sobre los 2700 ms. n. m. y por debajo de los 4.500 ms. n. m. A pesar de que parezcan invulnerables y de su majestuosidad, estos ecosistemas son los principales afectados por el cambio climático y, además de padecer de este flagelo, son perseguidos por empresas inescrupulosas que son capaces de vulnerar sus entrañas disponiendo explosivos para saquear el vientre de las montañas. Pero estos dos males no son los únicos que afligen a nuestros amados páramos, su devastación para siembra también lo impacta negativamente. Con todos estos problemas que lo golpean es una pregunta válida pensar en la pertinencia de meterle turismo a un páramo.

La primera vez que fuimos a grabarlo fue algo majestuoso. A la llegada entendimos por qué es un ecosistema de gran importancia y por qué debemos cuidarlo como nuestro tesoro más preciado. Unos pasos después de nuestro ingreso una nube se precipitó con rapidez, parecía como si le hubiesen avisado de nuestra llegada y rápidamente hubiera ido a detenernos. Algún día una etnia indígena nos había enseñado a pedir permiso siempre que se va a ingresar a un lugar sagrado de la Madre Tierra, para este caso Hizca Gaia. Entendimos que la nube había llegado a verificar nuestras intenciones. Pocos minutos después nos regaló diversos climas permitiéndonos grabar todas sus caras. Al internarnos en sus valles nos recibieron los guaques, hombres sabios que custodian la montaña. Fue un sentimiento de asombro. No podíamos creer lo que teníamos al frente.

Al ser una tierra tan fértil el páramo se convierte en el ahorcado y el campesino en su verdugo. Presos de la ignorancia y sin más alternativas para su sustento las personas que viven en las laderas de la montaña han encontrado el lugar perfecto para la siembra de papa o cebolla, el pastoreo y otras actividades nocivas para el ecosistema. Pero nosotros no ponemos la culpa de este daño en los lugareños. El afán por el sostenimiento y el desconocimiento son los culpables de este desastre. Muchas veces las autoridades son cómplices del asesinato; no brindan información o trivializan el problema. Inclusive hemos visto casos en donde a través de programas de reforestación siembran pino en los páramos para rentabilizarlos.

Una vez un amigo nos dijo: cómo puedes cuidar algo si no lo conoces. Eso nos quedó sonando. Le hemos dado muchas vueltas al asunto y creemos que de todos los males el que menos nos debe preocupar es el del turismo ¿por qué? Fácil: el turismo es controlable, los otros no. La agricultura, por pequeña que sea mata al páramo, la minería peor y el cambio climático ni hablar. Pero ustedes se deben estar preguntando y acaso la gente pisando el ecosistema no le causa un daño también. La respuesta es afirmativa, sin embargo miremos los pros y los contras.

Al pensar en ecoturismo como forma de protección de los ecosistemas podemos empezar a entender cómo éste puede llegar a salvar los páramos. Así es, además de proponer la loca idea de que el turismo en los páramos es el menor de todos los males, estamos ahora afirmando que visitar los páramos puede salvarlos. La lógica de esta idea sería la siguiente: el turismo como barrera de protección. Si logramos que pequeños grupos visiten organizadamente estos territorios protegidos bajo una estricta norma de capacidad de carga podremos visibilizarlos y además educar en la práctica al turista. Ese es un punto ganado para el páramo porque por lo menos ya los conocen y sabrán la importancia de su cuidado. Ahora, si este proceso se hace conjuntamente con los campesinos, éstos podrán cambiar su modo de ingreso al remplazar la agricultura por el turismo. Este es otro punto ganado: ya no tendremos que luchar en contra de los lugareños. En este momento tendremos 3 diferentes actores que protegerán los páramos a capa y espada contra las empresas mineras: los campesinos, los operadores turísticos y los turistas. Como lo ven parece una fórmula ganadora.

Sabemos que no es tan simple. El turismo mal manejado puede ser muy destructivo y además crear diversos problemas para las sociedades. Por otra parte, si tenemos una cabeza que organice el tema, que sea capaz de aliar a los diferentes actores en pro de la conservación se puede dar un paso gigante. Este es nuestro punto de vista frente a la disyuntiva del sí o el no.

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