¡Salve usted la patria!

Cuando te paras sobre un campo de batalla y piensas en todo lo que pudo haber sucedido en ese lugar, te transportas y sientes que la sangre corre más rápido por tus venas, cierras los ojos e imaginas los campos verdes perturbados por el paso de la caballería y la infantería, tus oídos alcanzan a escuchar el estallido de la pólvora de la artillería y sientes que la brisa que te golpea es algo más fría de lo normal.

Arrancamos un viaje nuevo, nuestro destino: Paipa en el departamento de Boyacá. Este camino nos iba entregar mucho más de lo que normalmente las personas ven a simple vista. Boyacá es un departamento de renombre. Hace casi 200 años terminaron allí las batallas que dieron el golpe final a las tropas realistas y concluyeron con la definitiva independencia y posterior creación en 1819 de la Gran Colombia. Boyacá está lleno de historia, cada pueblo va contando la propia.

Salimos como siempre a la madrugada para poder disfrutar el amanecer y también porque era necesario llegar lo más temprano posible a un pueblo llamado Ventaquemada para degustar una arepa recién hecha. Sé que se deben estar preguntando quién en sus cinco sentidos podría comprar comida en un lugar cuyo nombre es venta – quemada. Bueno, esto merece una explicación. Resulta que el nombre se lo deben a una quema que hubo en el siglo XVIII en una pequeña zona comercial llamada “La Venta” que se ubicaba en este mismo lugar antes de que el pueblo fuera construido. También se pueden estar preguntando ¿por qué levantarse temprano por un poco de maíz? La verdad la dichosa arepa goza de una muy buena reputación.

Después de haber recorrido 100 kilómetros partiendo de Bogotá por la salida norte de la ciudad (recomendaciones de carretera léete el post pasado, aplica igual) empezamos a ver los primeros puestos de venta de arepas al costado de la carretera. Jose insistió en que no nos podíamos detener en cualquier lugar, al parecer él conoce todos los lugares en donde se debe parar. Por fin nos detuvimos casi terminando los 3 o 4 kilómetros en donde sólo se ven arepas en hornos.

Dándole a Jose la razón, este puesto si tenía algo diferente: su horno. A diferencia de los demás puestos o tiendas, en ésta el horno no era calentado con gas sino con leña. Unas 40 arepas se doraban lentamente al calor de la madera ardiente sobre una plataforma de aluminio gruesa. El olor que emanaba de ese horno era algo dulzón pero no por esto molesto. De tanto en tanto una mujer de pequeña estatura se acercaba al horno y con destreza volteaba cada una de las arepas mientras nos miraba de reojo y con algo de recelo grabar las arepas y tomar fotos.

Pedimos dos arepas para iniciar y una bebida caliente hecha con panela (producto de color dorado/moreno elaborado con caña de azúcar), denominada agua de panela o agua dulce dependiendo de cada país. Para hacer corto este punto del relato terminamos comiéndonos cuatro arepas cada uno. Ah, olvidaba que también venden caldo de costilla de vaca con papas dentro del caldo. El café no fue lo que buscaba pero la arepa lo arregló todo. (Precio arepa 2.000 COP/0.8 USD, 0.6 EUR).

A pocos minutos de salir de allí llegamos a nuestra primera parada histórica: el Campo de Boyacá. Este lugar declarado Patrimonio Cultural de la Nación fue erigido para conmemorar los hechos ocurridos en 1819 en la victoria de los independentistas sobre los realistas. Sí, la famosa Batalla de Boyacá. Este lugar también es conocido como Puente de Boyacá debido a un pequeño puente construido en el siglo XVIII sobre el río Teatinos. Además del particular puente el lugar cuenta con numerosos monumentos entre los que se destacan: El obelisco, el Arco del Triunfo, la Plaza de Banderas y el majestuoso monumento a la Gloria de Simón Bolívar o monumento Von Miller. Este último mide 18 metros y se alza en la colina más alta del lugar. En éste, Simón Bolívar es cargado en hombros por cinco mujeres que representan las repúblicas de Ecuador, Perú, Venezuela, Bolivia y Colombia (hoy son 6 con Panamá). En el frente del monumento se encuentra Clio, musa de la historia y de la poesía heroica con un libro abierto entre sus brazos que representa el comienzo de una nueva historia para la Gran Colombia. (Entrada gratuita).

Después de ese chapuzón de historia, y también de agua porque llovió, seguimos nuestro camino hacia el destino final. Paipa es un pueblo que, según me cuentan, era precioso y malas administraciones no lo supieron conservar. La entrada no es lo que esperábamos de este destino turístico por excelencia. Entramos a la plaza central en donde se alza la iglesia de San Miguel Arcángel, su fachada barroca con la cúpula blanca y amarilla, su gente sentada en las bancas de la plaza y los colores amarillos de sus árboles le dan un estilo distinto y cambian la cara del pueblo.

En Paipa hay tres visitas obligadas y una sorpresa que les contaré más adelante. Son: El lago Sochagota, los termales y el Pantano de Vargas.

Lo primero que hicimos después de visitar el centro de Paipa fue ir a su lago. El Lago Sochagota se encuentra a unos 5 kilómetros del centro y se pueden practicar diferentes deportes náuticos. También se puede dar un paseo a su alrededor. La tranquilidad se toma el lugar. A lo lejos se ve el pueblo y las montañas de color verde vivo cortadas por parcelas para la agricultura.

Después de la primera actividad ya era tiempo de almorzar. Lo discutimos un poco y decidimos aprovechar que teníamos suficiente tiempo para dirigirnos a un pueblo llamado Tibasosa ubicado a media hora de Paipa. Decidimos ir allí porque nos lo habían recomendado mucho. Al entrar entiendes el porqué; es una pequeña villa de casas coloniales y flores. Alrededor de su plaza central las casas blancas y amarillas lo convierten en un lugar de ensueño. El pueblo es además famoso por ser productor de una fruta denominada feijoa y por productos como el sabajón (licor cremoso hecho con leche y huevos) de feijoa. Decidimos que debíamos almorzar allí con algo que tuviera que ver con esa fruta.  Entramos al restaurante Tierra de Fejioa en el cual, al estar ubicado en una casa colonial, por un momento nos sentimos almorzando con Simón Bolívar o Francisco de Paula Santander. El restaurante está dividido en diferentes salas que se conservan perfectamente desde el siglo XIX. Pedimos la especialidad de la casa: trucha en salsa de feijoa y lomo de cerdo en salsa de feijoa. La combinación fue excelente. (Precio plato 27.000 COP/9 USD/ 8 EUR).

Ya habiendo almorzado volvimos a Paipa para probar un postre en una repostería que nos habían recomendado en la mañana. El lugar se llama Rancho Dulce. Yo pedí un postre de frutos rojos y Jose un postre de leche. El postre complementó perfectamente el almuerzo. Recomendado el lugar. Les sugerimos ir temprano porque la afluencia en fin de semana puede ser alta.

Antes de pasar a la segunda actividad recomendada quisiera hablar de la sorpresa que les tenía preparada. Además de las ya mencionadas que puedes realizar en Paipa, hay una poco conocida y que recomiendo, de hecho creo que fue mi preferida. Cuando estábamos planeando este viaje supimos de una alternativa para disfrutar del campo. Si tu rutina no te deja disfrutar lo bello que te da la naturaleza, si eres un apasionado del campo pero no tienes tiempo o dinero para poder estar cerca de éste, hemos encontrado el lugar perfecto para disfrutar todo esto que anhelamos. Se trata de un pequeño eco-hotel de esos que te hacen sentir en familia.  (Precio por persona 100.000 COP/33 USD/30 EUR)

Para llegar al eco-hotel tuvimos que encontrarnos con su dueño, Rodrigo Vásquez. Él, un experto en la preparación y maduración del queso Paipa, entendió la importancia de generar un turismo responsable y consciente. Aquí les va nuestra experiencia en el eco-hotel.

Después de un largo día debíamos encontrarnos con Rodrigo en su finca de ordeño. A un costado de la carrilera se divisaba una pequeña casa. Supusimos que era esa porque no había ninguna otra. El primero en recibirnos fue un perro que por el juego que nos hizo nos dio a entender que no era el encargado de cuidar la finca. Entre más nos acercábamos a la casa se aclaraba más el sonido de una radiola antigua que yacía en el centro de una mesa de madera rústica.

– Buen día, por favor sigan, nos gritó Rodrigo desde la parte trasera de la casa.

Rodrigo estaba terminando de alistar todos sus implementos para el ordeño de la tarde. Nos sentamos en la mesa y nos explicó una a una cuáles serían nuestras tareas para el día siguiente. Levantarse a las 5 de la mañana, desayunar, ordeñar, hacer el queso, entre otras, eran las labores que tendríamos que realizar.

La experiencia comenzaba, nos llevó a la casa en donde nos hospedaríamos esa noche. Se trataba de una casa tipo hostal de tres pisos en la que se pueden hospedar máximo 10 personas. El diseño rústico te daba la calidad necesaria para descansar plácidamente. Así terminaba el primer día en Paipa.  (Teléfono Rodrigo: +57 311 8626953)

Día 2

El despertador sonó a las 5, Rodrigo ya nos esperaba para iniciar la labor del ordeño. Antes de empezar nos explicó todo lo que debíamos saber sobre los animales que íbamos a ordeñar. Rodrigo busca primero el bienestar de sus vacas, no usa químicos para sus animales, la alimentación es totalmente orgánica y las trata como si fueran sus hijos. Nos explicó que cada vaca tenía su propia personalidad y carácter. Nos advirtió que entre él mejor tratara a sus vacas y más cariño les diera, menos estresadas estarían y mejor leche le iban a producir.

El ordeño es más complicado de lo que yo me lo imaginaba aunque Rodrigo lo hiciera ver tan simple. Les voy a confesar que soy un adicto a la leche de vaca, me gusta en todas sus formas y por tanto también sus derivados, y tomarme un vaso de leche muy espumosa y recién salida de la ubre de la vaca fue simplemente exquisito. Terminamos de ordeñar las 7 vacas y ya estábamos listos para la siguiente etapa, hacer queso Paipa.

Nos dirigimos a la casa en donde haríamos el queso. Nos esperaba una señora de unos 80 años y una sonrisa de oreja a oreja. Era la madre de Rodrigo. Nos hizo pasar a la mesa para que probáramos un desayuno típico boyacense. Chocolate en leche, huevos revueltos, un caldo (por cierto delicioso) y pan. Empezaríamos con un desayuno de envidiar.

Hacer un buen queso es un arte, cada paso necesita máxima concentración. Debes tener en cuenta desde la temperatura de tus manos hasta el humor con el que te levantaste ese día. El ritual comienza en una olla puesta sobre una estufa de leña y termina con un queso fresco que debe madurarse por lo menos 3 semanas en unas condiciones específicas. No voy a contarles todo el proceso porque los aburriría, nos es lo mismo hacer el queso a que te cuenten cómo hacerlo. Al final de la larga jornada de preparación Rodrigo nos dio a probar un queso que ya había madurado lo suficiente y estaba listo para la tabla. Nosotros sólo teníamos tiempo para un día, pero si tú te puedes quedar más, Rodrigo tiene muchas más actividades relacionadas con el campo que te van a encantar seguro. Si tienes hijos, qué mejor manera de explicarles que lo que llevan en el mercado cada 15 días no lo hacen en el súper.

Nos quedaba otro día más en Paipa y estábamos súper cansados, fuimos al lago hasta que los mosquitos nos sacaron a eso de las 18.00 horas. El día había pasado rápido y estábamos muy cansados, era hora de descansar. Nos comimos un perro caliente y a dormir. Nos quedamos en el hotel El Lago ya que debíamos estar cerca de las termales a las que iríamos temprano al siguiente día. El hospedaje estuvo bastante bien, las habitaciones amplias y las zonas bastante cómodas. Su ubicación es central y el precio es medio-alto. El personal muy amable, estuvieron muy pendientes de lo que necesitamos. Lo mejor del hotel fue el desayuno al otro día, estuvo delicioso.  (Precio habitación doble 230.000 COP/76 USD/67 EUR)

Día 3

Otro de los atractivos que tiene Paipa y que recomendamos es su complejo termal público. Este centro de relajación cuenta no sólo con una piscina de aguas termales sino que está a la altura de spas de muy alta categoría que solamente podríamos encontrar en un hotel de alta gama o en un centro especializado. El lugar cuenta con saunas, bañeras de hidromasajes, turcos, piscinas de hidromasajes, masajistas profesionales, masajes con algas o lodo y hasta un gimnasio. Un lugar excelente si gustas de relajarte al máximo y disfrutar las bondades de las aguas termales. Estoy seguro de que hay mil formas de relajarse y cada quién encuentra la mejor para hacerlo. Ir a un spa es una forma de relajación totalmente diferente a levantarse a ordeñar una vaca en un campo verde y tranquilo. Nosotros queremos mostrarte las diferentes posibilidades que puedes encontrar en Paipa.

Después de medio día entre masajes, lodo y algas ya estábamos listos para la huella sostenible. Si leíste nuestro anterior post o viste nuestro video en La Vega sabrás que a cada lugar que vamos dejamos una huella positiva (conoce la anterior aquí). Esta vez nuestra huella nos llevaría nuevamente al lago Sochagota, si quieres conocer la huella dale click aquí. Si quieres hacer parte de la siguiente huella escríbenos a admin@caminantr3s.com.

Última parada: Pantano de Vargas.

<< Se nos vino la caballería, esto está perdido. >> Aseveró Simón Bolívar, a lo que el coronel Juan José Rondón le preguntó << ¿Por qué dice eso mi general, si todavía los llaneros de Rondón no han dado la pelea? >>  A lo que Bolívar le contestó << ¡Coronel, entonces, salve usted la patria!>>. Realmente cuando al principio de este post me referí al campo de batalla y las emociones que viví no me estaba refiriendo al lugar en donde están todos los monumentos que les comenté. Fue en el Pantano de Vargas, sentado en la parte trasera de un monumento gigante y observando el vasto y verde horizonte que sentí que los caballos galopaban a mi espalda, que los gritos del coronel Rondón a su ejército retumbaban en mis oídos y que las fundas de las espadas desenvainadas golpeaban con fuerza los estribos de las sillas.

El Pantano de Vargas es un corregimiento de Paipa ubicado a unos 10 kilómetros del casco urbano del pueblo. Su fama se debe a que en este lugar se libró la Batalla del Pantano de Vargas entre realistas y patriotas. En el lugar se levanta un monumento denominado Lanceros del Pantano de Vargas que homenajea aquella batalla de 1819. El monumento de 33 metros de alto representa a parte de los lanceros al mando del coronel Juan José Rondón.

Así terminó nuestra estadía en Paipa, un lugar con mucha historia para los 6 países que en alguna época conformaron La Gran Colombia. Esperamos vayan y lo visiten, hay mil cosas por hacer.

No olvides ver el video haciendo click aquí!!

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