La cara que no nos muestran del Chocó

La chirimía comenzaba a las 9 de la noche, es la fiesta de los adultos mayores del pueblo, sólo tienen una al año y la saben aprovechar, bailan hasta las 7 u 8 de la mañana. Estábamos en Beté, cabecera municipal del Medio Atrato en el Chocó. Esa había sido nuestra parada final después de haber empezado en Quibdó, haber parado a comernos un helado con los habitantes de Tonguí y disfrutado de un biche o viche (bebida alcoholica artesanal chocoana) en la población de Amé.

Tantos son los miedos que nos meten los medios de comunicación tradicionales que llegamos cargados de prejuicios, aunque antes de salir tratamos de eliminarlos, en un principio nos inquietaron un poco. En estos dos años viajando hemos aprendido que la mejor forma de eliminar un miedo es enfrentándolo, es la única manera de comprobar cuál es la situación real del momento.

Después de haber puesto a cargar los equipos en la posada de doña Fela, nos disponíamos a salir a recorrer el pequeño pueblo que no tiene más de cuatro calles. El ambiente era de fiesta, ese día era el cierre de las fiestas patronales de Beté y terminaban por lo alto. En su calle principal, que tiene una longitud de máximo 300 metros, se escuchaban equipos de sonido por todos los lados, la gente estaba en su día.

Decidimos sentarnos por un momento en los escalones de uno de los restaurantes del pueblo para observar la actitud de sus habitantes, aún los veíamos con timidez. A nosotros nos miraban como a bicho raro, no son muchos los turistas (no chocoanos) los que visitan Beté y era normal que pareciéramos extraterrestres para algunos de ellos.

En esas estábamos cuando al lado nuestro se sentaron unos 5 jóvenes hablando de todo un poco. Uno de ellos, el más joven, nos preguntó si iríamos a la chirimía. Lo aceptamos, fueron ellos quienes tuvieron que romper el hielo. Después de haber respondido y haber comenzado por fin una conversación con algún local que no fuera el guía, formamos una amistad inmediata. Terminamos hablando sobre diferentes temas, además bebimos aguardiente Platino y disfrutamos de la chirimía al son de trombones, tambores, platillos y otros instrumentos.

Esta era una anécdota que les queríamos contar para generar una reflexión frente a todos los miedos a los que nos tienen acostumbrados los medios tradicionales. Así como con el Chocó, muchos periodistas van soltando cuanta barbaridad se les ocurre, muchas veces llena de amarillismo, sin pensar en el daño colateral que le hacen a un territorio. Chocó, como muchos otros departamentos de Colombia, sufre de ausencia de Estado. Pero lo único que logran los medios al realizar notas cargadas de desinformación es ahuyentar al turismo que puede llegar a solucionar muchos problemas. Por otro lado, el Chocó está en un proceso en donde se les está inculcando a los chocoanos el amor por su tierra y la importancia de la riqueza que tienen. No entendemos por qué la necesidad de los medios de incentivar la pobreza y evitar que el mundo conozca el paraíso que es el Pacífico Colombiano.

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