La Macarena, de la guerra al turismo

Caminar entre la selva y saber que no mucho tiempo atrás allí se llevaron a cabo combates por días enteros entre las guerrillas y el ejército era uno de los pensamientos que se nos cruzaban por la mente el día anterior a partir en busca de una nueva aventura con CaminanTr3s. Esta vez recorreríamos la Macarena no turística, esa que hasta ahora está saliendo del yugo de la guerra y quiere ganarse la vida a través del turismo, tal y como lo hizo Caño Cristales.

Nos hospedamos en el Hotel Hacaritama Colonial en el centro de Villavicencio para descansar y partir al siguiente día hacia La Macarena. Para llegar a este municipio del Meta la forma más rápida es tomar una avioneta, ya sea desde Bogotá o Villavicencio. Nuestro viaje empezaría en el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio.

El día amaneció lluvioso, nos preocupaba que el vuelo no saliera, ya nos habían dicho que cuando en Villavicencio amanece lloviendo lo hace para todo el día. Nos recogió Nelson, un viejo amigo con el que ya antes habíamos viajado, tiene una agencia de viajes que recomendamos (Aquí el link: www.chivasyviajes.com). Llegamos al aeropuerto, pasamos al área de pesaje y entrega de equipaje y dejamos las maletas de ropa; los equipos siempre viajan con nosotros.

La espera se estaba haciendo insoportable por la ansiedad. El clima no daba tregua y no sabríamos si podríamos volar ese día. Además, que subirte en una pequeña avioneta para 4 personas da un poco de miedo y hacía aumentar la angustia. Esperábamos en las oficinas de Eco Turismo Sierra de La Macarena, nos movíamos por el espacio, mirábamos el reloj y nada, el clima seguía molestando, eso sí llovía con menos intensidad. Después de unas 2 horas de espera una señorita que estaba en el mostrador nos anunció a las cuatro personas que estábamos en sala que ya podíamos pasar a zona de abordaje y se sintió un pequeño vacío en el estómago.

Entramos a la zona de pistas en donde a unos 200 metros nos estaba esperando una pequeña avioneta blanca con rojo. Pensamos que se veía pequeña por la distancia a la que se encontraba pero al llegar hasta ésta nos dimos cuenta que era realmente pequeña. Viajábamos un profesor, una chica, el piloto y los CaminanTr3s. En la parte trasera, en el mismo lugar en donde viajaría la chica, se debían acomodar todas las maletas, pusimos el equipaje y subimos.

Estando a bordo la sensación es genial, es como cuando estás subido en una montaña rusa esperando a que te den la salida. Ya cuando todos estábamos a bordo y asegurados, el piloto prendió el motor. Inició un run-run que ensordecía, es por eso que te dan unos audífonos para que no te fastidie el ruido. Empezamos a andar por la pista y el piloto se comunicó con la torre de control quienes le dieron vía libre para el despegue. Pensábamos si esa pequeña aeronave podría levantarse, cuando de pronto ya no estábamos más tocando tierra firme. El despegue fue un éxito, mucho menos traumático de lo que podríamos pensar.

Ya en el aire el paisaje era increíble, primero una inmensa llanura, después una hermosa serranía. Según nos contaba el profesor con el que viajábamos la Sierra de la Macarena es una de las más antiguas de Colombia y guarda cierta relación con el famoso Escudo Guyanés, una de las zonas con mayor biodiversidad del mundo y la formación con mayor masa forestal tropical inalterada del planeta. La Sierra de la Macarena cuenta con rocas del Precámbrico, es decir formaciones con miles de millones de años, las cuales visitamos y fue sin duda alguna una de las cosas más hermosas que hemos visto. En el vuelo pudimos ver la sierra en todo su esplendor, montañas que parecieran haber sido cortadas con un cuchillo. Aunque nos alegraba de ver la inmensidad de la naturaleza también nos preocupó la cantidad de huecos en la selva, según nos contaban, éstos se deben a tala ilegal y la suplantación de selva por cultivos de palma de aceite, algo muy aterrador.

Después de unos 50 minutos de viaje divisamos el aeropuerto del municipio de La Macarena, aterrizamos y la primera sorpresa que nos llevamos fue ver que el equipaje era recogido en una carroza halada por un caballo. Nos bajamos de la avioneta y el ambiente se sentía mucho más húmedo que en Villavicencio. Allí nos estaba esperando Edinson, él sería nuestro guía durante todo el recorrido de 3 días. La Macarena es un pueblo chico en su área urbana, más o menos 6 calles de ancho por 6 de largo, tiene poco más de 4 mil habitantes y está bañada por el río Guayabero. Llegamos al hotel Punto Verde que se encuentra a 3 calles del aeropuerto. El hotel estuvo genial, cuartos cómodos, una pequeña piscina (que estaba en remodelación) y un ambiente familiar muy acogedor.

Almorzamos en el hotel y no teníamos tiempo para más descanso, queríamos aprovechar al máximo nuestra estadía en La Macarena. Después de haber ganado algo de energías salimos en busca de Edinson. A su encuentro partimos hacia el muelle del río Guayabero. El primer destino estaba a 30 minutos en lancha, 30 minutos de a caballo y 15 más en balsa. La primera vez que navegábamos el río Guayabero, uno de los más importantes del departamento del Meta, el cual al unirse con el Ariari forman el río Guaviare, fue una experiencia inigualable, no sólo por su grandeza sino porque sabíamos que este río había sido un corredor de guerra. En la lancha nos acompañaban Edinson, el lanchero y Daniel, un joven aprendiz de turismo.

Llegamos a la escuela Nuevo Colombia en la vereda La Cachivera. Allí nos esperaban cuatro caballos que nos conducirían hacía nuestro destino por unos 30 minutos más. Cabalgar por las llanuras es algo que si perteneces a la comunidad de CaminanTr3s sabes que nos encanta. Allí disfrutamos del ambiente de llano entre esteros, morichales, reptiles y aves. Atravesamos lagunas de a caballo, vimos pequeñas babillas y corrimos por las llanuras. Definitivamente una experiencia muy CaminanTr3s.

En una pequeña casa dejamos los caballos y nos empezamos a acercar a una laguna, era nuestro destino ese día. Subimos en una balsa que se encontraba amarrada entre la espesa selva. Sabíamos que habíamos llegado a la laguna pero no podíamos dimensionarla debido a la espesa vegetación que había en ese lugar. Ya todos a bordo de la balsa, el balsero empezó a remar. Empezamos a dejar la selva y cada vez se acercaba más el hueco por donde teníamos que salir a la esperada Laguna del Silencio. Cada remada impregnaba más nuestro cuerpo de ansiedad por conocer este lugar, todos callaban. Parecía como si que cada uno de nuestros cerebros se estuviera concentrando en imaginar qué había detrás de ese hueco. De repente salimos. El silencio abrumó nuestras mentes y arrugó nuestros corazones. El sonido de las aves y las chicharras era lo único que inquietaba la quietud del momento. El balsero no remaba más. Las pequeñas olas de la laguna mecían suavemente la balsa de un lado a otro. Los sentidos estaban totalmente aturdidos, el sentimiento de asombro no podía ser más grande. No hubo palabras que pudieran expresar lo que sentíamos en ese momento. Era magia, un momento sublime que nos regaló la madre naturaleza.

Después de navegar por ese lugar no queríamos partir. Navegamos hacía la casa de Don Jorge, allí almorzamos un delicioso sancocho de gallina, especialidad de la casa y comida totalmente orgánica. Don Jorge nos presentó su casa, nos contó historias de la laguna y nos brindó su amistad. Vivimos un momento especial, un paisaje espectacular y unas personas inolvidables. Allí acabaría nuestro primer día en La Macarena, no quedaba más que alistar equipos y partir de regreso al hotel.

Amaneció en La Macarena y nos esperaba un día lleno de aventura. En esta jornada conoceríamos más de cerca el río Guayabero, iríamos a uno de sus puntos más bellos y también conoceríamos sus formaciones rocosas más antiguas en Ciudad de Piedra. Desayunamos el típico desayuno de La Macarena: caldo de pescado y huevos rancheros. Nuevamente dejábamos el casco urbano del pueblo en una lancha río arriba sobre el Guayabero. En ese momento nos dirigíamos a El Raudal, nuevamente no teníamos idea alguna de lo que nos íbamos a encontrar. Después de navegar unos 30 minutos llegamos a Bocas del Cajón, así se llama el lugar en dónde empieza El Raudal. Este sitio es llamado así porque el río Guayabero pasa de tener unos 150 a 200 metros de ancho a tan sólo 18 a 20 metros. Un cañón de piedra tallada por el agua se alza como entrando a un parque jurásico. Iniciamos la subida internándonos en la magia de ese paraíso. Entre más subíamos más especies de aves se arrojaban de un lado a otro del río. Entre patos, garzas, tucanes y más aves pasábamos en la lancha. El Raudal tiene una longitud aproximada de 1.8 kilómetros, los cuales poseen una cantidad innumerable de especies de aves y de monos, es una experiencia que te deja sin palabras.

Antes de iniciar el ascenso a Ciudad de Piedra conocimos un lugar que nos recordó que el río Guayabero ha tenido presencia humana desde tiempos lejanos. Aunque no ha habido un estudio minucioso sobre este lugar, El Raudal cuenta con una serie de petroglifos grabados en las piedras. Allí pudimos observar diseños tallados de familias humanas, de monos, de aves y muchos diseños más que nos hicieron pensar sobre personas que habitaron en algún momento las riberas del Guayabero.

Seguido de la visita a este sitio cruzamos el río para iniciar la subida a Ciudad de Piedra. Son más o menos 2 horas de pendiente, claro nosotros nos demoramos algo más por lo que grabamos las mejores imágenes para que ustedes se animen a ir. Durante la subida nos encontramos con miradores espectaculares y con pequeños riachuelos que por sus plantas acuáticas cambian de color. La subida es dura, más si llevas equipaje a bordo, pero sin duda alguna vale mucho la pena. Al llegar entiendes el porqué de su nombre. Ciudad de Piedra se asemeja a una ciudad con calles y avenidas. Grandes trozos de piedra se levantan dejando con esto una especie de trochas en el medio. Estas rocas datan de la era del Precámbrico, es decir que su antigüedad se calcula en miles de millones de años, en conclusión pudimos tocar objetos que llevan miles de millones de años existiendo, se siente algo raro.

De allí partimos a almorzar a una casa que queda en Bocas del Cajón. Conocimos un proyecto de restaurante eco turístico que está empezando, esperamos y deseamos que les vaya muy bien. Antes de partir hacia el hotel, El Guayabero nos tenía una sorpresa guardada, pudimos ver uno de los animales más espectaculares que habita los trópicos de Sur América, el güio. Este reptil es de la familia de las boas y es conocido por su peso y su tamaño, pude llegar a tragar una vaca entera. Fue un encuentro genial que nos regaló la naturaleza y agradecemos poder llevar a ustedes las imágenes.

Así finalizó nuestro segundo día en La Macarena, con encuentros inesperados, paisajes de película y un ambiente inigualable, una aventura que invitamos a todos ustedes a vivir.

Amaneció en nuestro último día en la sierra. Despertamos a las 4.30 de la mañana para observar el amanecer. Subimos a una camioneta 4×4 con destino a un lugar llamado dunas verdes, su nombre se debe a que en realidad parecen dunas pero en vez de arena son de pasto. En el camino nos encontramos un retén del Ejército de Colombia, un control de rutina, pensamos que nos dirían algo por la grabación pero todo estaba en orden. Llegamos a observar el amanecer pero lastimosamente no lo logramos porque el día había empezado muy nublado. Sin embargo, pudimos disfrutar de cientos de alcaravanes que cantaban como queriendo despertar a la naturaleza.

Bajamos nuevamente al hotel a desayunar. Nos esperaba un delicioso caldo, huevos y arepa, si van a ese hotel pidan la arepa, estuvo buenísima. Al terminar la merienda ya Edinson nos estaba esperando. Recorreríamos un lugar que antiguamente fue muy frecuentado por milicianos de las FARC. El sitio se llama El Mirador. Se llega allí después de subir unas 2 horas por una pendiente un poco más corta que la del día anterior, pero más inclinada. Después de navegar unos 20 minutos por el río Guayabero llegamos al lugar en donde iniciamos el ascenso. Durante la subida encuentras nuevamente miradores increíbles y una cascada muy bonita. Cuando llegas al mirador te chocas de frente con cubo de cemento de unos 2 metros de alto por 2 de ancho con unas antenas tiradas. Resulta que esa era una antigua emisora de la guerrilla, se llamaba La voz de la resistencia. Nos dio alegría saber que un lugar que sirvió como zona de guerra es ahora un atractivo turístico, esperamos que se mantenga así.

  Nuestra última visita en La Macarena fue a una piscina natural. Después de haber subido durante 2 horas y bajado durante 1 necesitábamos una recompensa que nos reanimara y relajara. La piscina es un pozo de aguas totalmente cristalinas. Un paraíso metido en la selva con aguas frías que te refrescan. Ese fue el premio a 3 días de aventura, de extensas caminatas y jornadas de sudor. Les dejamos abajo los tres videos de La Macarena para que los puedan vivir y se animen a conocerlos. Un saludo CaminanTr3s!

 

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