Un paraíso a una hora de Bogotá

Cuando vives en una ciudad como Bogotá encontrarte de pronto en medio de un espeso monte significa darle un nuevo aire a tu vida. 

Empezamos este nuevo viaje de la vida llenos de incertidumbre. Viajar para mí siempre ha sido esencial para la vida. No soy una persona que logre estar por mucho tiempo en un sólo lugar. Nunca había llevado un diario de viaje, ésta sería la primera vez que iba a llevar nota de cada cosa que pasara para poder contarla a ustedes. 

A pesar de ser un viaje corto, estaba bastante ansioso. No pude dormir bien. Desperté a las 5 menos 15 y lo primero que me pregunté fue si debía incluso grabar cómo hacer la maleta. Lo intenté 4 o 5 veces antes de sentirme lo suficientemente estúpido (aclaro: no soy actor y verme en una cámara haciendo la maleta, ¡ah bueno!).

En fin, a lo que vinimos. Tomamos carretera después de un monumental trancón (atascamiento, embotellamiento, cola, tapón o como gustes llamarle). Desde Bogotá son 54 kilómetros hasta llegar al municipio de La Vega. Bueno, llevábamos 60 minutos encerrados y no habíamos salido de la ciudad. Sabes que ya has salido cuando pasas por un puente hecho en madera de guadua (cañazas, tacuaras o bambú americano), que si no fuera por los escombros a su alrededor, el desorden y la contaminación de todo tipo, debería verse bastante particular, según Wikipedia es la estructura en este tipo de madera más grande del mundo. 

(Aviso de precaución)

Después de salir de Bogotá tomamos una carretera de dos carriles por calzada bastante peligrosa porque a los costados encuentras desde ciclistas hasta niños tratando de cruzar de un lado a otro. La carretera parece una autopista pero en realidad es una calle amplia que exige la mayor atención como si condujeras por una calle de una ciudad cualquiera. Así se va a mantener gran parte del trayecto, excepto en algunos tramos en los que por motivos topográficos sabes que hay muy poca probabilidad de encontrar en la vía personas o animales. En general ¡atención en la vía!, en ambos costados puedes encontrar animales pastando, restaurantes, talleres de mecánica y hasta colegios. (Debes pagar un peaje de 8.800 COP / 3 USD / 2.7 EUR).

Continúo después del aviso. Cuando sales de Bogotá subes unos 400 a 500 metros y después bajas hasta los 1100 a 1200 metros a nivel del mar. Un poco después del punto más alto paramos en un restaurante que nos habían recomendado para que comiéramos un tipo de pan llamado “pan de bono”. La verdad me gustó bastante, a Jose no. Según él, que ha pasado antes por ese lugar, no ha sido el mejor que se ha comido. La verdad, quizá lo que más me gustó a mí fue combinarlo con un café expreso y bastante espeso. (Precio por persona 3.250 COP / 1.1 USD / 1 EUR).

Empezamos la bajada y los paisajes son asombrosos. Ver la cordillera central de los Andes colombianos cuando apenas amanece y la bruma todavía descansa sobre algunos de sus picos es simplemente quita alientos. Paramos en una pequeña colina que se separaba unos 100 metros de la vía principal para poder observar mejor el paisaje y darnos un momento a la reflexión. El grito de los alcaravanes (aves), el viento y la vista te sumergen, podría haber estado ahí por horas.

¡Llegamos a La Vega!, un pueblo que no sobresale por su arquitectura o por su orden. Pero bueno, vinimos a ver naturaleza. Ya eran las 9 de la mañana así que debíamos llenar el estómago, “barriga llena, corazón contento”. La plaza central del pueblo es bonita y a su alrededor hay restaurantes para escoger. Entramos al primero que vimos, creo que se llama donde Elba. Jose pidió una taza de chocolate con leche, huevos revueltos con cebolla y tomate y pan. Yo pedí lo mismo excepto por el chocolate, lo cambié por jugo. (Precio por persona 5.000 COP / 1.7 USD / 1.5 EUR).

La primera actividad que íbamos a realizar era canotaje. La mañana ya alcanzaba los 24 grados Celsius y qué mejor que estar en el agua. A esta actividad fuimos con un amigo. A unos 20 kilómetros de La Vega se encuentra un pequeño corregimiento llamado Tobia. Este lugar es famoso por la cantidad de actividades de deporte extremo que se pueden realizar. Por allí pasa Río Negro, un río de aproximadamente 20 metros de ancho que puede alcanzar buenas velocidades en algunos de sus tramos. Llegamos al punto de encuentro para realizar la actividad y nos subimos en el platón de una camioneta que nos llevaría hasta el punto de inicio del canotaje. Ninguno de los tres había hecho canotaje antes, así que había que escuchar bien las instrucciones (fueron tantas que al final resolví que las principales eran: 1. No dejarte caer 2. Si te caes súbete rápido). Bueno, al final, una experiencia inolvidable. No me caí, tampoco Jose, pero Camilo (el amigo que les conté que nos estaba acompañando), si se cayó. Menos mal estaba yo, que de una manera muy calmada y hasta heroica lo saqué de las aguas (vean el vídeo y juzguen mi actuar). (Precio por persona 40.000 COP / 13.8 USD / 12,5 EUR).

Después del esfuerzo en el agua, era justo comer.

– ¿Otra vez?

– Sí.

El reloj marcaba casi las 14.00 horas y el estómago protestaba con furia. Nos dirigimos a Villeta, era el pueblo más cercano. En otra oportunidad les contaré más de este pueblo, entramos sólo a comer, la plaza central se veía bonita y animada. Algo barato y rápido: pollo asado. Nos arrepentiríamos después, el pollo estaba viejo. El estómago ya no protestaba por hambre. Así terminó nuestro primer día de viaje. Después de haber llegado ese día en la mañana a La Vega, todo había transcurrido muy rápido, no había dejado tiempo para la reflexión. (Precio por persona: 8.000 COP / 2.7 USD / 2.4 EUR).

DIA 2

Hay quienes disfrutan despertar con el claxon de los vehículos en las calles y el rápido movimiento de las ciudades modernas. Yo disfruto despertar con el canto de un gallo, el rebuznar de un burro, el relincho de un caballo, el ladrido de un perro o el trinar de un pájaro.

El día no podía comenzar mejor, nuestro próximo destino era una laguna ubicada 7 kilómetros de La Vega, se llama El Tabacal. ¿Se han encontrado alguna vez en un lugar totalmente silencioso en el cual lo único que rompe ese silencio es la brisa pegando contra los árboles y los peces rebullendo el agua mansa de una laguna? Eso es El Tabacal. Después del “corre – corre” del día anterior ya era bueno tener ese momento de paz. Si sigues el camino que rodea la laguna y tomas una subida que se ve bastante pendiente, llegas al punto de observación más alto de la laguna. Allí, siéntate un buen rato. (Precio por persona 3.000 COP / 1 USD / 0.9 EUR).

(Párrafo de interés común)

Una de nuestras políticas es que debemos dejar algo bueno en cada lugar que visitemos. Sabemos que no podemos hacer todo lo que quisiéramos por los lugares que visitamos, pero estamos seguros de que un pequeño esfuerzo, por pequeño que sea, hace la diferencia. En este viaje, viendo la necesidad de instalar más botes de basura a las orillas de la laguna, decidimos realizar una labor de reciclaje y pintura e instalar 4 canecas en los caminos que llevan a la laguna. Si quieres saber más sobre esta iniciativa da click aquí.

Después de nuestra visita a la laguna fuimos a conocer el lugar más hermoso de todo nuestro viaje y al cual le debo el primer párrafo de este post. Se llama cascada del silencio, en realidad son un conjunto de 4 maravillosas cascadas que se encuentran rodeadas de los más espectaculares paisajes. Bueno, antes de contarles sobre las cascadas una denuncia. Ese día visitamos la alcaldía (ayuntamiento o municipalidad) de La Vega y nos comentaron que esas cascadas no están reguladas por la alcaldía. Los dueños del terreno en donde están las cascadas las están explotando sin ningún tipo de regulación. No estoy insinuando que las tengan en mal estado o estén haciendo mal uso de éstas, pero al ser un bien de interés público pienso que deberían estar reguladas y vigiladas por un ente público que además vele por la conservación del ecosistema. Regresando a las cascadas, no tengo palabras para describir la magnitud de mi asombro ante tanta belleza. Dejar que el agua fría te golpe la espalda no tiene precio. Bueno si lo tiene, debes pagar a los privados para que puedas acceder a las cascadas. (Precio por persona 5.000 COP / 1.7 USD / 1.5 EUR).

Estuvimos cerca de 3 horas en las cascadas, muy poco tiempo para lo que yo hubiera querido estar en ese lugar. Tengo entendido que también puedes hacer camping, supongo que te cobrarán un extra, pero debe valer la pena, lo dejo en mi lista que cosas por hacer. Ya cayendo la tarde volvimos a la ciudad. Un viaje que te llena de energía y que puedes hacer en un fin de semana, si vives en Bogotá. Ahora, si vives en otra parte del mundo y piensas venir a Colombia, súmale dos días, es un pequeño viaje que te dejará muy buenos recuerdos.

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